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martes, abril 15, 2014

Venezuela: Cinco pasos para generar un "golpe suave"


RESUMEN LATINOAMERICANO
y del Tercer Mundo
Diarios de Urgencia

Director: CARLOS AZNAREZ

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LA CONTRAINFORMACIÓN AL DÍA


Información, opinión y denuncia de Latinoamérica y el Tercer Mundo

15 de abril 2014



Entrevista a Luis Britto García: 

“Las guarimbas se desinflaron y la oposición está dividida”

Por Juan Manuel Karg 

 Lunes, 14/04/2014 


Credito: Reuters/Carlos García Rawlings


14 de abril de 2014.- El reconocido periodista y escritor venezolano Luis Britto García accede a esta entrevista luego de escribir un reciente artículo sobre los medios de comunicación privados y su  tergiversación sobre los hechos que suceden en el país caribeño, a dos meses de iniciadas las protestas –que Britto caracteriza como “minoritarias”- contra el gobierno de Nicolás Maduro. Durante la charla, observa una creciente división dentro de la propia oposición venezolana y analiza la obra de Gene Sharp –politólogo estadounidense- en relación a su teoría sobre los “golpes suaves”.
- A dos meses de iniciados los hechos de desestabilización en Venezuela, ¿Cuál es su evaluación del momento actual que vive el país? ¿Cómo cree que han influído las convocatorias al diálogo que impulsó tanto Maduro como los cancilleres de Unasur, quienes se encuentran en Caracas por segunda vez en las últimas tres semanas?
- La ola de violencias se ha desinflado. Es oportuno aclarar, para el público internacional, que en la mayoría de los casos no se trató de manifestaciones, sino de cortes viales que sólo ocurrieron en unos pocos municipios con alcaldes y policías opositoras, que protegían a los violentos en su operación de secuestrar a los vecinos. Dirigiendo o apoyando estas operaciones se ha detenido a narcotraficantes buscados por Interpol y a paramilitares. Venezuela tiene 335 municipios; los atentados ocurrieron al principio sólo en 19, luego se redujeron a 3, y hoy en día hay a veces cortes viales esporádicos, siempre protegidos por las policías opositoras locales.
- ¿Cuál cree que es el papel que los medios masivos privados venezolanos, aún mayoritarios, tienen en este momento de inestabilidad política que vive el país? ¿Qué papel cree que cumplen, asimismo, los medios masivos internacionales en la construcción de una imagen distorsionada de Venezuela?
- Los sucesos de Venezuela han dado lugar para una antología de violaciones de la ética y de la veracidad informativas por parte de los medios, que en efecto en nuestro país son mayoritariamente privados y mayoritariamente opositores, como los anunciantes que los mantienen. Los medios nacionales e internacionales han hecho circular imágenes de represión ocurridas en Egipto, Grecia, Libia, Siria, España y otros países, afirmando falsamente que ocurrían en nuestro país. Han falsificado movilizaciones de un sector muy  minoritario dentro de la misma oposición, presentándolas como representación de “los estudiantes”, de “la juventud” o “del país”. Creo indispensable insistir en que en Venezuela la juventud representa más del 60% de la población; que uno de cada tres venezolanos estudia, uno de cada diez en instituciones de educación superior, casi todas gratuitas. Si un sector de tal magnitud estuviera contra el bolivarianismo, éste jamás hubiera ganado elecciones, ni se podría mantener en el poder.
Los medios también han representado las protestas como “pacíficas”, cuando en ellas más de la mitad de los heridos corresponden a la fuerza pública. Los medios privados también disimulan u omiten que los procedimientos de los terroristas comprenden el asesinato selectivo con armas con mirilla láser,  la destrucción sistemática de más de un centenar de unidades del transporte público y de estaciones del Metro, la quema de centrales eléctricas y de 15 universidades y de un preescolar con casi un centenar de niños adentro, los cuales por cierto fueron rescatados de milagro.
- Se han construido varias suposiciones de “sentido común” sobre la realidad venezolana, a partir de la visión simplista de algunos multimedios comunicacionales: que estaríamos frente a un gobierno “tiránico” –a pesar de que el oficialismo haya ganado 18 de 19 elecciones-, que supuestamente este gobierno censura a los medios –a pesar de tener a gran parte de los medios masivos privados en su contra-, etc. ¿Qué observaciones tiene usted para hacer sobre estos temas?
- Los medios acompañan sus tergiversaciones con afirmaciones de que el gobierno sería una “dictadura”, que ninguna dictadura permitiría divulgar, y de protestas contras “la censura”, que ningún censor dejaría pasar. Sobre la legitimidad del gobierno venezolano hay que repetir hechos muy conocidos: el ex presidente estadounidense Jimmy Carter declaró que el nuestro era el sistema electoral más perfecto o uno de los más perfectos del mundo.
A cada elección asisten centenares de observadores internacionales, que jamás han encontrado un defecto significativo. Como cosa de rutina, concluida la elección se hace una revisión sobre la mitad de los centros de votación, y a pedido de la oposición se han realizado revisiones totales, sin mostrar nunca errores ni fraudes. Pero para la oposición sólo son legítimas las elecciones que ellos ganan, y según ellos el perder elecciones les da derecho a gobernar.
- A raíz de los hechos en Venezuela, se ha vuelto a escribir y a estudiar sobre la obra de Gene Sharp, sobre todo en relación a su “manual” de cinco pasos para generar un “golpe suave”. ¿Cree que hay relación entre la obra de Sharp y los hechos que se están dando en su país? ¿Opina que la modalidad de “golpe suave” se ha extendido en nuestro continente luego de lo sucedido en Honduras (2009) y Paraguay (2012)?
- Pues sí, se han cumplido paso por paso las recomendaciones de Gene Sharp, hasta un extremo cómico: la copia de signos y emblemas de las “revoluciones de colores”, las consignas en inglés, la escenificación de disturbios focalizados que los medios presentan como conmoción nacional. En forma más trágica, ha habido casos de manifestantes asesinados con tiros por la espalda desde sus propias filas, para presentar víctimas. También hay ciudadanos asesinados por el simple hecho de tratar de remover unos obstáculos, y  motociclistas degollados con trampas de alambre.
Habría que dejar de llamar “golpe suave” a estas inmolaciones premeditadas de ciudadanos para crear el pretexto de un genocidio en la forma de golpe militar o intervención extranjera. Por cierto que ninguna de estas dos metas finales del método de Sharp se han materializado hasta el presente en Venezuela. La oposición hizo de nuevo cálculos equivocados sobre la lealtad del ejército y sobre las disposiciones de potencias extranjeras de colocarla en el poder por la intervención militar.
- La oposición conservadora venezolana parece estar dividida entre dos tendencias: una que quiere seguir en las calles a toda costa, buscando “la salida”, y que se reconoce en las figuras de López y Machado; y otra que, sin perder de vista una crítica fuerte al gobierno de Maduro, intenta deslindarse de los hechos de violencia en las calles, más ligada al “caprilismo”. ¿Por qué cree que esto es así? ¿Cuál es su evaluación sobre una “división” en la oposición conservadora venezolana?
-Los sucesos violentos evidenciaron más que nunca una división de la oposición venezolana, cuya sustancia es una riña de celos por el liderazgo entre Capriles y López. En el acto en el cual éste se entregó, todas las camisetas eran blancas, color del minoritario partido Voluntad Popular, que ni siquiera presentó candidato propio para las primarias de la oposición. En ese acto no había ni una camiseta amarilla de Primero Justicia, de Capriles. Por su parte Capriles, al ser derrotado en las elecciones presidenciales de 2013 llamó a sus partidarios a salir a la calle, a “drenar su arrechera”: en las horas inmediatas asesinaron a una docena de bolivarianos, lesionaron a unos ochenta, y destruyeron centros médicos y emisoras comunitarias. Todo con premeditación, alevosía y ventaja: no hubo ni un herido entre las escuadras terroristas.
Tras esta hazaña, a principio de año Capriles contradijo a López diciendo que con el calentamiento de calle no se llegaba al poder, y luego ha mantenido una actitud ambigua. Es un hecho: las guarimbas se desinflaron; sólo muy de cuando en cuando recurre un episodio violento aislado, siempre bajo la protección de policías y autoridades locales opositoras. A veces esto llega a lo cómico. Hace unos días hubo un corte de vía en el sector donde vivo: las autoridades instalaron sanitarios portátiles para comodidad de los encapuchados protestatarios. Lo cual desmiente que los vecinos los apoyen o fraternicen con ellos.
Una encuesta de Hinterlaces reveló que 87% de los consultados rechaza los cortes viales o “guarimbas”; prácticamente toda la oposición ha acudido a la Mesa de Diálogo por la Paz que convocó Maduro. Entre ellos, empresarios del gremio patronal Fedecámaras, que quieren aprovechar el río revuelto para imponer su programa.  Otros opositores han tildado de vendidos a quienes concurrieron al diálogo. La oposición está declaradamente dividida, pero yo creo que en relación a la táctica coyuntural y a los nombres de los líderes: en uno u otro momento, todos ellos recurren sin escrúpulos al golpismo, el terrorismo y la violencia. En el presente caso, además, hubo pronunciamientos secesionistas en los estados fronterizos, y una evidente participación de narcotraficantes y paramilitares en las acciones violentas. Ello reabre una inquietante perspectiva para la política venezolana.
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Keli

miércoles, abril 09, 2014

¡Las primeras golondrinas!

domingo, marzo 24, 2013

¡Las primeras golondrinas!


domingo, abril 01, 2012


¡Las primeras golondrinas!


Ya van volviendo,
aristócratas,
las 
golondrinas
acróbatas.

(¡Quién no
presintió el estío
tras el pespunte
de sus chirríos!)

martes, marzo 22, 2011


¡Las primeras golondrinas (y vencejillos)!


Ya van volviendo,
aristócratas,
las 
golondrinas
acróbatas.

(¡Quién no
presintió el estío
tras el pespunte
de sus chirríos!)

jueves, abril 01, 2010


¡Las primeras golondrinas!




Ya van volviendo,
aristócratas,
las 
golondrinas
acróbatas.

(¡Quién no
presintió el estío
tras el pespunte
de sus chirríos!)

lunes, marzo 30, 2009


¡Las primeras golondrinas!











Ya van volviendo,
aristócratas,
las 
golondrinas
acróbatas.

(¡Quién no
presintió el estío
tras el pespunte
de sus chirríos!)


domingo, abril 13, 2008

¡Las primeras golondrinas!





Ya van volviendo,
aristócratas,
las 
golondrinas
acróbatas.

(¡Quién no
presintió el estío
tras el pespunte
de sus chirríos!)
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Nota: ver también 07/04/07

sábado, abril 07, 2007


¡Las primeras golondrinas!



Ya van volviendo,
aristócratas,
las 
golondrinas
acróbatas.

(¡Quién no
presintió el estío
tras el pespunte
de sus chirríos!)







Salud y enjundia

Keli

lunes, marzo 10, 2014

"La derecha tiene los recursos para aprovecharse de la crisis a su favor"

"La derecha tiene los recursos para aprovecharse de la crisis a su favor"

El politólogo Ignacio Sánchez-Cuenca publica La impotencia democrática(Catarata)
"Con el sistema institucional que hemos creado con el euro, estamos atados de manos"
"Los países del sur tienen que lanzar un órdago a la UE: si cambian los términos, nos quedamos; si no, es mejor irse"
"Sobre la carroña que produce la crisis, vuelan unos buitres dispuestos a lanzarse a ver cuál coge la mejor parte"
Ignacio Sánchez-Cuenca, profesor de Sociología en la Universidad Complutense. / Marta Jara
Ignacio Sánchez-Cuenca, profesor de Sociología en la Universidad Complutense. / Marta Jara
Los parámetros que indican la confianza en la política y las instituciones se desmoronan mientras los ciudadanos no perciben mejoras en el panorama europeo. Pero aunque las crisis económica y política han avanzado a la par, “son cosas independientes”. Así lo plasma el director del Instituto Carlos III-Juan March de Ciencias Sociales de la Universidad Carlos III de Madrid y profesor de Ciencia Política, Ignacio Sánchez-Cuenca, en su último libro, La impotencia democrática(Catarata).
En él, el autor hace un repaso a la impotencia de los políticos ante la crisis frente a organismos no democráticos, como el Banco Central Europeo; el poder del euro, que nos ha llevado a una "ratonera"; las diferencias y similitudes de los países deudores con "problemas similares con instituciones nacionales distintas" y la excusa de la crisis para llevar a cabo reformas ideológicas.
¿El deterioro de la imagen política que muestran las encuestas viene condicionado por la crisis económica?
Sí, claramente. Yo creo que no es problema de las instituciones ni de cómo funciona el sistema político español, sino de la incapacidad para hacer frente a la crisis. Esto se manifiesta de dos formas. Por un lado, la gente percibe que la gestión es injusta y, por otro, que los gobiernos no tienen margen de maniobra suficiente. Esta combinación de las dos cosas, injusticia e impotencia, hace que haya una desafección enorme hacia la política.
Defiende en el libro que los políticos también se sienten impotentes. ¿En qué se basa esa impotencia?
La impotencia de la política europea tiene dos patas. Una es la globalización, que está más allá de nuestro control. La otra es el sistema institucional que hemos creado con el euro, con el que estamos atados de manos. Nos hemos metido en una aventura con mucha incertidumbre y ahora descubrimos que esto tiene consecuencias negativas, pero nadie se atreve a plantear la marcha atrás porque supondría unos costes que muchos dicen que son enormes. Estamos metidos en una ratonera.
¿Dónde queda la democracia en unos gobiernos soberanos que deben acatar –o acatan– las decisiones de organismos no democráticos, como el Banco Central Europeo?
Cuando las cosas iban bien, la importancia del BCE no aparecía en el debate público porque no hacía falta recurrir a él. Cuando las cosas han empezado a ir mal, descubrimos que el actor más poderoso dentro de Europa es una institución tecnocrática, no democrática, no electa.
La clase política europea admite esto con total naturalidad y la opinión pública, arrastrada por las ideas de las élites, no se cuestiona la monstruosidad que supone que las decisiones fundamentales sobre el futuro de nuestros países las tome un organismo que no responde ante la ciudadanía. Bajo un punto de vista democrático, me parece una barbaridad.
Propone poner en una balanza las ventajas y desventajas de continuar en la zona euro. ¿Hacia dónde cree que se inclinaría esta balanza?
El problema de hacer el cálculo de pros y contras es que no tenemos la menor idea de las consecuencias de salir del euro. No hay precedentes. Los economistas ortodoxos y liberales dicen que los costes serían inasumibles, estratosféricos y que, por lo tanto, no vale la pena plantearlo. Pero cada vez hay más ciudadanos que piensan que debe someterse a debate. En España y en Grecia, ahora mismo, hay alrededor de un 30% de ciudadanos que piensan que el euro es perjudicial para nuestros países. Y esa cifra, en ausencia de debate público. Si hubiera un debate con argumentos y posiciones enfrentadas, probablemente el porcentaje sería mucho mayor.
Portugal, Grecia, Irlanda… Afirma que la crisis de las instituciones no es exclusiva de España. ¿Qué similitudes y diferencias tienen estos países?
Los problemas económicos son muy parecidos: crecimiento de la desigualdad, falta de crecimiento económico, altos niveles de paro, falta de legitimidad del sistema político. Y, sin embargo, lo que tienen muy distinto son sus sistemas institucionales. Hay países cuasi-federales, como España, y países muy centralizados, como Portugal o Grecia. Hay países con sistema proporcional, como España, Grecia y Portugal, pero también está Irlanda, que tiene un sistema muy distinto.
Los sistemas electorales, territoriales, de gobierno, son distintos. Por lo tanto, ahí no puede estar la clave del asunto. Pero tienen problemas similares. Y si tienen problemas similares con instituciones nacionales distintas, la clave no puede estar en las instituciones nacionales distintas. Yo creo que tiene que estar en otro lugar, y ese lugar es la crisis global del euro y el conflicto entre los países acreedores y los países deudores. Eso es lo que nos une con Grecia, Irlanda, Italia y Portugal.
Rompe una lanza a favor de los políticos al defender que no son los responsables directos de la crisis. Sin embargo, son ellos quienes recortan en servicios básicos y aumentan la carga fiscal a los ciudadanos. ¿Es normal que se cargue contra ellos?
Es completamente normal que se busquen responsables. La ira de la sociedad cristaliza en un rayo que va a parar a la cabeza del político. Pero si tomamos un poco de distancia, debemos entender que no son los únicos causantes de la situación. Los bancos centrales, las agencias de calificación y los economistas que toman decisiones en política económica han tenido mucha responsabilidad. Sin embargo, a este tipo de instancias jamás se les responsabiliza, o no de forma tan insistente como con los políticos.
Es curioso cómo quitamos poder a los políticos, porque no nos fiamos de ellos, y delegamos en agencias tecnocráticas, y, cuando vienen los problemas, les echamos toda la culpa a los políticos. Otra cosa distinta es que, una vez que se inicia la crisis, podrían haber tomado otro tipo de decisiones. Sobre todo, por lo que toca a la justicia del sacrifico en el reparto de las cargas. Ahí es donde tienen mucha responsabilidad. El Estado se ha ocupado de las deudas financieras y no de las de las familias. Esto resulta insoportable para mucha gente y es la principal causa del desafecto y la pérdida de confianza en las instituciones.
Ignacio Sánchez-Cuenca, profesor de Sociología en la Universidad Complutense. / Marta Jara
Sánchez-Cuenca, autor de 'La impotencia democrática'. / Marta Jara
Los dos grandes partidos caen en las encuestas y la crítica al bipartidismo permanece latente en un amplio sector de la sociedad. ¿Se podría acabar con esta tendencia en las próximas elecciones?
Los sistemas de partidos, en general, tienen mucha inercia. Es muy difícil cambiarlos. Tanto, que sólo se cambian en condiciones realmente extremas. Tenemos el hundimiento del sistema de partidos en Venezuela, que abre la puesta a Chávez, o el escándalo de Tangentópolis, que hace estallar el sistema de partidos italiano. Son dos casos muy excepcionales, porque lo normal es que estas transformaciones sean muy lentas.
En España, los ciudadanos han comprobado que no hay soluciones ni con el Gobierno del PSOE ni con el del PP. Quizás en las próximas generales veamos una erosión del bipartidismo pero yo creo que, para llegar ahí, los ciudadanos tienen que convencerse de que el problema era que ninguno de los dos tiene capacidad real para arreglar el problema.
Si ni el PP ni el PSOE son la solución y afirma que los gobiernos están maniatados por el euro, ¿cuál es la solución si el que llegue también estará maniatado?
Sí, también estará maniatado. La solución tiene que venir de un reajuste de las relaciones de poder dentro de Europa. La situación actual, gobierne quien gobierne en el sur de Europa, no va a conseguir sacar al país de los problemas en los que está metido ahora.
¿Es posible ese reajuste?
Para que realmente cambie algo en la UE, los países del sur tienen que lanzar un órdago. Decir: "Nosotros estamos encantados de participar en la empresa europea, pero no en estos términos. Si cambian los términos, nos quedamos; pero, si seguimos así, es mejor irse". Esto exige que los países del sur formen una coalición de países deudores y hagan valer sus posiciones en las instituciones europeas.
El problema es que los países del sur aceptan pasivamente que se nos someta a estas curas de austeridad y a estos recortes, por lo que no hay ningún incentivo ni razón para que los países del norte cambien de posición. La única resistencia es la ciudadana, pero no alcanza el nivel suficiente de presión como para meter miedo a las instituciones europeas y a los países acreedores.
En cuanto a la crisis política, se reconoce escéptico ante las propuestas regeneracionistas.
Soy escéptico respecto a las reformas electorales y de los partidos. No creo que cambiando el sistema electoral vaya a cambiar mucho ni el funcionamiento de la política ni el funcionamiento de la economía. Y tengo también grandes dudas sobre la posibilidad de acabar con la corrupción por medios puramente institucionales.
Los países menos corruptos son aquellos que tienen un mayor índice de lectura de periódicos entre la ciudadanía. Eso exige una transformación social que, por necesidad, va a ser lenta. Podemos cambiar las leyes y el código penal, pero me temo que eso no tiene un impacto a corto plazo sobre las conductas que observamos en la política y en la sociedad.
¿Se puede salir de la crisis económica sin salir de la política?
Son cosas independientes. Con las mismas instituciones, los mismos niveles de corrupción y amiguismo político, y la misma falta de competición económica en los grandes sectores energéticos, de telecomunicaciones o de banca, hemos tenido fases de crecimiento, de recesión y de crisis. España podría salir de la crisis si se arreglara el panorama europeo. Otra cosa es que se podría crecer aún más si tuviéramos mejores instituciones. Pero la reforma electoral, la constitucional, la del Estado o la de las autonomías no son una precondición para salir de la crisis. Hay otros motivos para estar a favor de que se hagan esas reformas. Ligarlo a la crisis económica es un movimiento oportunista.
¿Se está utilizando la crisis económica como excusa para aplicar reformas ideológicas?
La crisis la utiliza todo el mundo. La derecha, para reducir el Estado de bienestar y la parte redistributiva del Estado, los liberales quieren un sistema con mucho más peso de la iniciativa privada y desde la izquierda también hay un enfoque oportunista claro cuando dice que hace falta un proceso constituyente para salir de los problemas actuales. Sobre la carroña que produce la crisis, vuelan unos buitres dispuestos a lanzarse a ver cuál coge la mejor parte. La diferencia está en que la derecha está en el poder y tiene recursos para aprovecharse de la crisis a su favor.
El ejemplo perfecto es la reforma de las pensiones. Aparece un problema muy grave de solvencia, producido fundamentalmente por una caída brutal en los ingresos públicos, sobre todo los del impuesto de sociedades. En lugar de solucionarlo, el Gobierno de Zapatero primero y el de Rajoy después, plantean una reforma de las pensiones, que es un problema que surgirá a medio o largo plazo, dentro de 20 o 30 años.
Aquí se ve claramente cómo los poderes se aprovechan de la crisis para hacer reformas que no son urgentes, pero que afectan a una clase trabajadora en una posición más débil, mientras avanzan con mucho cuidado para no enfrentarse a ciertos poderes económicos mucho más fuertes, pero cuyas reformas son mucho más necesarias a corto plazo.
¿Tienen los políticos miedo a este malestar general?
Deberían tenerlo, pero creo que, en el fondo, una lección que hemos aprendido con la crisis es que, en las sociedades más desarrolladas, la capacidad de aguante es mucho mayor de lo que pensábamos. En una sociedad donde los niveles de renta per cápita continúan siendo elevados, con un 80% de familias con un piso en propiedad o con activos financieros y acciones, la reacción ya no es la revuelta, sino la alienación. Eso, en el fondo, produce mucha tranquilidad a la clase política. Ha habido manifestaciones y expresiones de malestar y protestas puntuales, como Gamonal, o más amplias, como el 15M, pero no hay realmente una amenaza que haga peligrar el sistema.
Dice textualmente: "No queda más remedio que decretar el fin de una etapa". ¿Hacia dónde y por qué camino vamos?
Nos dirigimos a un país mucho menos cohesionado, donde las desigualdades que estamos viendo han venido para quedarse mucho tiempo. Aproximadamente, habrá un 30% de la población a la que le irán bien las cosas, que se va a aprovechar de la globalización, de la unión monetaria, de hablar idiomas, de tener un alto nivel de capital humano. El otro 70% se quedará descolgada en un estado de precariedad preocupante.
Si se produjese una mejora real de la economía que los ciudadanos apreciasen en su día a día, ¿se olvidarían las reivindicaciones políticas?
Es terreno especulativo, pero yo diría que, en gran parte, sí. El ejemplo que me gusta mencionar es el de la crisis de los años setenta en Europa, cuando se publicaron estudios tanto desde la derecha como desde la izquierda anunciando el fin de las democracias y del Estado de bienestar.
Cuando volvió el crecimiento económico, todos esos cánticos que auguraban el final de una etapa se apagaron. Hubo un cambio muy importante en el terreno económico con el ascenso del neoliberalismo, que cambió radicalmente el escenario mundial, pero fue más un cambio socio-económico que institucional. Y yo diría que ahora va a pasar lo mismo.

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Keli

lunes, febrero 17, 2014

Noticias de Helena lxxvi


[Abril de 2006]

A Helena (tres años y cuarto) no le gustan las personas blandas.

- ‘Las personas blandas son muy malas, porque le cogen los vestidos a los niños, y a las muñecas, y a todos, y le quitan las pegatinas, y se disfrazan y se ponen los vestidos de los niños, y cogen los cuentos y los juguetes. Y las personas blandas son mayores y son las que se mueren, y no me gustan nada'.



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Keli

miércoles, febrero 12, 2014

Para escribir hay que leer x



Hoy: 'Imán', Ramón J. Sender, 1930.
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"La fuerza, la vitalidad de cada uno al agruparse en la columna lo primero que recaba es la irresponsabilidad para el mal. Esto no nace del carácter del soldado sino que lo trae aparejado el orden militar, la facultad de dominio, la identificación con el objetivo de destrucción. Le gusta al soldado comprobarlo."

(...)

"- Yo tenía doce años y seguía un arado de sol a sol. La esteva la tenía que coger por encima del hombro, y a veces trompicaba y caía envuelto en los terrones del surco. Me daban medio pan y una cabeza de ajos para todo el día, y mi madre decía que no se podía llevar el gasto. A los treinta años mis padres aparentaban ya cincuenta, secos y arguellaos. Mi madre lloraba siempre, y el padre, asustao, nos cogía a nosotros y nos decía: 'no la hagáis llorar, porque llora tanto que se va a quedar ciega". Le parecerá mentira, pero a mis padres yo no los he visto nunca reír."

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Keli

sábado, noviembre 23, 2013

Capitalismo y basura

jueves, 14 de noviembre de 2013

Pequeña filosofía de la basura (reflexiones a partir de una huelga reveladora)




1.  Recordaba Marx en El Capital que  "la riqueza de las sociedades donde impera el modo de producción capitalista se anuncia como "una inmensa acumulación de mercancías"". Mercancía es en el capitalismo un objeto producido por el trabajo que se destina desde el principio a ser vendido a fin de obtener un beneficio de esa venta. La mercancía, como tal, solo tiene como función secundaria satisfacer una necesidad. Tan secundaria es esta función respecto del  la ganancia mercantil que la producción de mercancías llega a generar por sí misma su propia demanda, a producir una necesidad. Es lo que demuestra la ley de Say, una ley fundamental de la economía capitalista conforme a la cual "es la producción la que abre un mercado (un débouché) al producto". La utilidad del producto que adquiere la forma social de mercancía es así secundaria y residual, siendo el rasgo principal de la mercancía su participación en la sustancia del valor como una cantidad determinada de valor de cambio. El interés del productor capitalista no es la satisfacción de necesidades sociales ni individuales, sino el lucro que puede obtener por medio de la venta de los productos. Estos pueden ser útiles, inútiles o incluso nocivos para quien los consuma, pero serán siempre útiles para el capitalista en la medida en que haya extraído de su venta un beneficio. En las circunstancias históricas en que las mayorías sociales no han conseguido ponerle freno -como en el siglo XIX o en el presente siglo- el capitalismo puede definirse como unrégimen de producción mercantil que por el mínimo posible de utilidad y de calidad en sus productos procura obtener el máximo posible de beneficio.

2. En cualquier caso, lo que se produce bajo relaciones capitalistas se produce con el fin exclusivo de obtener una acumulación indefinida de capital: que esta se logre mediante la producción y venta de mercancías o, como en el capitalismo financiero, obteniendo directamente beneficios de la transformación mediante el crédito (y la deuda) de dinero en más dinero, el capital nunca tiene por finalidad satisfacer ningún tipo de necesidad. De ahí que sus productos, las mercancías, generen siempre una satisfacción muy efímera. Cuando se obtiene directamente del trabajo propio o ajeno un bien de uso como un pan o un abrigo, este se ha producido para satisfacer una necesidad, la de comer o abrigarse, por ejemplo. Cuando estos mismos objetos se compran en el mercado, la causa por la que se han comprado puede estar muy apartada de la necesidad inmediata y ser un deseo imaginario socialmente producido, no tanto de usar el producto como de apropiárselo. Así, la mercancía siempre decepciona una vez que se posee, pues nada más comprarla pierde el brillo de lo que todos los demás desean y queda relegada a nuestro poco "brillante" espacio de intimidad. Pierde valor de uso en cierto modo, pues, en una economía capitalista, su valor de uso converge cada vez más con su valor de cambio, haciéndose el valor de uso mero soporte inesencial del valor de cambio. En último término, respecto de la función esencial de la mercancía para el capitalista y para los sujetos del espectáculo capitalista, la mercancía como objeto físico útil es basura.

3. La "inmensa acumulación de mercancías" corre pareja con una "inmensa acumulación de basura", pues la vida y las necesidades humanas son respecto del proceso fundamental del valor de cambio y de la acumulación de capital mero residuo y así lo son también los medios de la vida humana que son los valores de uso encarnados en productos. En cierto modo, antes de ser consumida, la mercancía es ya residual respecto del proceso de valoración social fundamental que es el del intercambio con fin de lucro. No solo es el dinero como equivalente general, como mercancía -que, según Spinoza es "imagen de todas las cosas"- el "estiércol del Diablo". Estiércol son ya todas las demás mercancías en la medida en que, en virtud de la propiedad de reciprocidad de la relación de equivalencia, equivalen en su función -e incluso, cada vez más en sus propiedades formales y materiales: estabilidad, desplazabilidad, uniformidad)- al propio dinero. Los tomates o las manzanas casi idénticos -y perfectamente insípidos- que adornan nuestros supermercados son equivalentes del dinero que, como él tardan en corromperse (gracias a distintos tratamientos contra la descomposición química o bacteriana), pueden transportarse a muy largas distancias (normalmente por su falta de madurez que genera su insipidez) y por su uniformidad comparable a la de los billetes o las monedas que los hace más que manzanas o tomates reales, algo parecido a manzanas o tomates esenciales, ideas platónicas.

4. El consumo no movido por la necesidad ni por un deseo autónomamente formulado es un consumo heterónomo y de apariencia caprichosa. Muchos productos comprados apenas se usan, pues han perdido su lustre social y, si se usan se desperdician también en gran medida, pues se dejan pudrir antes de consumirse o se utilizan solo en pequeña parte. El consumo de mercancías genera toneladas y toneladas de basura así como de insatisfacción. La basura producida es un buen indicador de esa íntima insatisfacción con las mercancías que, en solo aparente paradoja, inclina al sujeto del espectáculo capitalista a regresar al mercado a adquirir más mercancías que correrán idéntica suerte. Que en toda mercancía las propiedades mercantiles priman sobre ese residuo que constituyen su objetividad y utilidad es algo que se puede comprobar fácilmente atendiendo a la importancia de envases y envoltorios que, en muchos productos llegan a ser más voluminosos que la propia mercancía, pues de lo que se trata es de privilegiar su imagen social y publicitaria sobre sus características efectivas. Esto genera, junto al desperdicio del propio producto, otra enorme fuente de basura. Las bolsas de plástico y otros envases han llegado a crear así vastas islas en el Atlántico y el Pacífico que asfixian y envenenan las aguas y destruyen a numerosas especies. Y es que el capitalismo solo puede funcionar mediante la producción en masa de "externalidades negativas", transfiriendo al exterior del ciclo mercantil, a la sociedad o a la naturaleza una parte importante de sus costes de producción. Una externalidad negativa como la contaminación o el desempleo masivo debería integrarse en los costes de producción si estos reflejasen el coste social real, pero en el capitalismo no es este el caso. Estas externalidades negativas pueden ser externalidades sociales como el paro o la pobreza o externalidades naturales como la contaminación, pero en cualquier caso, el capitalismo es un régimen que, al disociar casi completamente el valor de cambio de la utilidad (valor de uso) llega a producir fundamentalmente residuos, basuras, convirtiéndose incluso la propia vida humana en el principal residuo del proceso de acumulación.

5. La valiente y prolongada huelga de los barrenderos y jardineros de Madrid ha puesto de manifiesto -entre otras muchas cosas- estas características del capitalismo antes descritas. Mientras las basuras se recogen, nadie se da cuenta de su inmenso volumen ni del inmenso disparate social y económico en que se ha convertido nuestro medio de vida. La mercancía, antes de su compra, tiene que exhibirse, mostrarse en escaparate ante la sociedad para que sea objeto de deseo y el deseo de los unos alimente por imitación el de los otros. Después de su compra, se integra en el discreto ámbito del consumo, esto es, de lo íntimo, y es ocasión de decepción para el consumidor, pues ha perdido de inmediato "ese algo más" que tenía en la vitrina. Los actos de consumo que sobre ella se practican son así caprichosos y limitados, llevando la insatisfacción a su reproducción indefinida.

Tras estos actos de consumo queda una importante masa de residuos que, a diferencia de la mercancía inicial, no deben ser mostrados. Por lo demás, ocurre exactamente lo mismo en el capitalismo actual con esos "residuos humanos" que son los cadáveres, rápidamente quitados de la vista e inhumados o, mejor aún, incinerados en el marco del negocio de las pompas fúnebres. Hay que evitar que se establezca una relación entre la cosa de apariencia eterna que estaba en la vitrina o se exponía en el supermercado y ese resto que carece de atractivo, pues en su decadencia hace ver lo que siempre fue:  mera inherencia desprendida de la sustancia del valor de cambio. La labor de los barrenderos es mantener limpia la ciudad, esto es, quitar de la vista todo lo que sea residuo para que así resplandezca la mercancía. La ciudad del capitalismo es una ciudad escaparate: por eso nos chocan las ciudades mucho más "sucias" de otras civilizaciones. La extraordinaria vuelta de tuerca en la explotación del trabajo, por la que el Ayuntamiento de Madrid intenta pagar menos por los servicios de los barrenderos imponiendo una drástica reducción de sueldos y plantillas a las empresas adjudicatarias de este servicio ha tenido por respuesta la firme resistencia de los trabajadores del sector. Tras algo más de una semana de huelga, la basura cubre muchas calles de Madrid y lo que el sistema debe ocultar por todos los medios, que la mercancía del escaparate es siempre ya residuo, se hace patente e incómodo para todos los viandantes. El escaparate de mercancías que es la capital española -al igual que las demás grandes ciudades del capitalismo- se está convirtiendo en un gigantesco vertedero y muestra así la profunda e intolerable identidad entre la mercancía y la basura. A los barrenderos de Madrid, además del ejemplo de su coraje y tenacidad en la resistencia, les debemos una gran lección sobre el funcionamiento de esta sociedad.

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Keli

martes, octubre 22, 2013

El día que comenzó la Guerra Civil


El día que comenzó la Guerra Civil




JOSEP FONTANA
Precisar el momento en que quienes conspiraban contra la República española optaron por sublevarse para derrocarla es importante para entender mejor sus motivos. La mitología del 18 de julio, que pretendía que la guerra se había iniciado como una respuesta a los abusos cometidos por el Gobierno del Frente Popular, ponía el acento en el asesinato de Calvo Sotelo, el 13 de julio de 1936, para legitimar el levantamiento militar con este suceso.
Los orígenes de la revuelta, sin embargo, hay que ir a buscarlos cinco meses antes, al domingo 16 de febrero de 1936, cuando se realizaron elecciones generales en España. La jornada electoral fue tranquila, como reconocía ABC el lunes 17: “Ha llovido copiosamente en la madrugada del domingo. Las calles aparecen encharcadas. Llovizna a la hora de abrirse los colegios y esto retrae un poco a los comodones. Luego cesa de llover, no hace mucho frío y el sol aparece a ratos. A diferencia de otras elecciones, la gente ha cargado desde mediodía. Contribuyó a ello que se propagaba por todo Madrid la noticia de que la tranquilidad era absoluta. Nada de lo que amenazaban los derrotistas tuvo confirmación. Ni huelga, ni agresiones, ni escándalos. Todo el mundo votó como quiso, con absoluta libertad. Señálase este importante detalle en honor de los españoles, porque lo mismo que en Madrid ocurrió en toda España”.
Algo más había ocurrido, sin embargo, que ABC no contaba. A las tres de la madrugada de la noche del 16 al 17, cuando las primeras noticias indicaban que podía producirse una victoria del Frente Popular, José María Gil-Robles, jefe de la CEDA, el principal de los partidos de la derecha, despertó al jefe del Gobierno, Manuel Portela Valladares, para decirle que la llegada al poder de la izquierda era peligrosa y que no había otra salida que la de que Portela siguiese al frente del Gobierno y proclamase una dictadura, para lo cual podía contar con la total adhesión de las derechas, “así como de cuantos elementos representaban la estabilidad y el orden en el país”. En vista de que Portela se mostraba indeciso, Gil-Robles se puso en contacto con el general Franco, jefe del Estado Mayor, quien se puso de inmediato a conspirar por su cuenta.
Los planes de Franco incluían aprovechar su posición en el ministerio para ordenar a las regiones militares que declarasen el estado de guerra, y adueñarse del poder con un golpe militar en la capital. Según contó el propio Franco en un texto escrito en 1944: el lunes 17 de febrero “convocó a aquellos generales que le habían expuesto en otras ocasiones su disgusto y necesidad de un movimiento para evitar que el Frente Popular se hiciese con el poder”. Contaba con los generales Goded y Del Pozo, y “con otros dos jefes de unidades armadas de cuya incondicionalidad (sic) no dudaba”. Pero “no tardaron estos generales en regresar de sus gestiones con la cabeza baja”. Los jefes de la guarnición de Madrid consideraban que la oficialidad no secundaría en frío un movimiento contra los poderes constituidos, si la Guardia Civil y los guardias de asalto no tomaban parte en él. Esta es la razón que explica que Franco hiciese todavía otro intento, tratando de convencer al general Pozas, inspector general de la Guardia Civil, para que se sumase a la sublevación.
El martes 18 de febrero Pozas acudió a ver a Portela para denunciarle “que los generales Franco y Goded están dando instrucciones desde el Ministerio de la Guerra para que los militares declaren el estado de guerra y se apoderen del Gobierno”. Portela se mostró indignado, pero no hizo nada. Lo único que deseaba en aquellos momentos era abandonar el poder cuanto antes, de modo que decidió dimitir de inmediato, sin aguardar siquiera a que concluyera el escrutinio de los votos. Muchos gobernadores civiles hicieron lo mismo y las provincias quedaron sin autoridades, con la gente echándose a la calle.
Ante semejante vacío de poder los vencedores se vieron obligados a hacerse cargo del Gobierno de inmediato, de modo que el jueves 20 de febrero se celebró el primer consejo de ministros, en una difícil situación que Azaña describía con estas palabras: “Continúan los alborotos en algunos puntos de Andalucía y Levante. En Valencia hay un lío tremendo por la sublevación de los presos de San Miguel de los Reyes. Han quemado parte del penal. Están revueltos los presos comunes y los políticos, que han caído como en rehenes de aquellos. En Alicante han quemado alguna iglesia. Esto me fastidia. La irritación de las gentes va a desfogarse en iglesias y conventos y resulta que el Gobierno republicano nace, como el 31, con chamusquinas. El resultado es deplorable. Parecen pagados por nuestros enemigos”.
En estas condiciones comenzó a gobernar el Frente Popular, mientras los militares que habían tratado de impedir que llegase al poder seguían preparándose para derribarlo cuanto antes. Lo que está claro es que el 17 de febrero de 1936, cuando Franco realizó su primer intento de sublevación militar, no había ocurrido todavía nada que lo justificase. La Guerra Civil española no se hizo ni contra los “desmanes del Frente Popular”, ni contra la inexistente “amenaza” del comunismo, sino contra el programa de reformas de unos republicanos moderados que no amenazaban más que los privilegios injustos de unas clases dominantes que obstaculizaban el progreso del país.
Josep Fontana es historiador
Ilustración de Mikel Casal

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